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Hoy 7 de abril, decido escribirles por aquí, en el Día Mundial de la Salud, en un año muy complicado;
quien lo iba a decir, más complicado que el año pasado, cuando nos encontrábamos ante lo
desconocido.
Cuando veo a mi país en rojo, recuerdo cuando todos decidimos dentro de nuestras posibilidades
quedarnos en casa, con un mapa pintado de amarillo y pienso, que pasó, ¿nos confiamos? Tal vez
creímos que todo iba a pasar más rápido, no sé… cada uno tiene su propia opinión de que es lo que
se está haciendo bien y que no, pero mientras escribo pienso en la respuesta, y es un sí, sin importar
el rol de cada uno, o sus propias ideas, indudablemente nos confiamos, todos nos tomamos el tema
con más calma y nos descuidamos.
Cuando las tardecitas comenzaron a tener un clima agradable nos olvidamos del aplauso de las nueve
de la noche y las cambiamos por salidas a tomar algo, por reunirnos con amigos, luego en diciembre
vinieron las fiestas, después las vacaciones y al comenzar el año lectivo, por más que llegaron las
vacunas, se hace difícil retroceder.
Si llegaron hasta aquí estarán pensando, ¿esto no es un blog de ceremonial? Pero insisto, necesito
usar este espacio para intentar comunicar a quien lo lea, que, si no nos unimos sin importar nuestras
diferencias, si no dejamos de lado nuestra incredibilidad en la pandemia, si no tomamos conciencia
del momento que estamos atravesando, tardaremos en superarla.
Es por eso que considero vital unificar esfuerzos y ahora sí, utilizando términos que uso en mis clases,
la solución es “trabajar en equipo” porque “juntos podemos”. Es la manera de volver a abrazarnos, a
festejar, a disfrutar de nuestros afectos y a que todos los sectores puedan volver a trabajar con
tranquilidad.

Si hacemos un nuevo esfuerzo?